Son prioridad el combate a la corrupción, al crimen organizado y a la violencia en todos los ambientes de la población.
MÉXICO, D.F.-La jerarquía de la Iglesia Católica en México advirtió a los legisladores integrantes del Congreso de la Unión que en México no es, éste, "tiempo de triunfalismo y arribismo", y los exhortó a emprender, en medio del diálogo y la negociación, con "urgencia", las reformas estructurales de seguridad, trabajo, energía, una verdadera transformación a rubro fiscal y no un "remiendo", así como las acciones para combatir la pobreza y la corrupción.
A través del Semanario Desde la Fe, la Arquidiócesis de la Ciudad de México planteó que en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República se requiere "más receptividad" a las carencias de los mexicanos.
Afirmó que uno de los retos del gobierno mexicano es recuperar la valorización de las instituciones del Estado en materia de gobernabilidad, sustentabilidad y bienestar social, la consolidación de la democracia y la participación ciudadana.
De igual manera estableció que son prioridad el combate a la corrupción, al crimen organizado y a la violencia en todos los ambientes de la población.
Explicó que es imperioso que en la LXII legislatura, que iniciará el 1 de septiembre, se den muestras de sensibilidad a las carencias que "laceran a la mayoría de la población".
Les convocó a atender la preocupación que tienen muchos ciudadanos por la construcción de justicia y dignidad para comunidades y poblaciones que continúan azotadas y dominadas por la marginación, la pobreza, el crimen organizado y el miedo.
Señaló que los legisladores tienen el reto de generar las oportunidades de diálogo y apertura en los temas parlamentarios, entre los cuales consideró urgentes al de la seguridad, el trabajo, la energía, la fiscal, "que sea algo más que un remiendo"; y, el combate a la pobreza y la corrupción.
La jerarquía católica también llamó a los congresistas a "ganarse la confianza por parte de la ciudadanía", que experimenta no sin razón un desconocimiento de los trabajos legislativos y un desprecio a los legisladores que "debieran honrar su investidura con un trabajo serio, honesto y abocado a las mejores causas, tomando en cuenta las verdaderas necesidades de la sociedad".