Cuzco, Perú.- Acudo a la pintoresca ciudad de Cuzco al congreso de la Organización Global para la Excelencia en Salud, (Global Organization for Excellence in Health, GOEH) que otorga anualmente un reconocimiento a los profesionales de la salud por su actuación en alguno de los campos de la Medicina.
Debido a los acontecimientos recientes en el aeropuerto de Londres, los trámites y requerimientos para entrar a una nave aérea son más difíciles que sacarse la lotería; ahora están prohibidos el agua, los geles, los teléfonos celulares, las computadoras, la bolsas grandes, etc., y la revisión es tan minuciosa que la espera para abordar se ha prolongado por horas.
Pero aquí estoy, y he conversado con mis colegas de otros países (España, Inglaterra, Brasil, Holanda, Perú, Venezuela, Estados Unidos, Japón) sobre lo que ocurre con el terrorismo.
Lo terrible del terrorismo es que siempre logra su cometido, es decir, sea que el acto terrorista ocurra, como sucedió en Nueva York el 11 de septiembre del 2001, y ocasione la muerte y destrucción que se proponía, sea que no ocurra, como sucedió en Londres la semana pasada, la consecuencia es la misma para los individuos:
Hay terror, hay miedo, hay desconfianza, hay taquicardia, hay elevación de la presión arterial, hay úlceras, hay infartos, hay insomnio, y cientos de achaques más porque se pierde uno de los tesoros más valiosos del individuo: la paz.
He escrito en semanas anteriores del genocidio, cuyas raíces son profundas y complicadas, que no tiene justificación alguna pero finalmente tienen una explicación, loca o insensata, pero explicación al fin, pero al hablar del terrorismo me es difícil imaginar la maquinación de quien por semanas o meses prepara la destrucción por la destrucción, la aniquilación ciega por la aniquilación misma, y si eso es difícil de comprender, más difícil aún es saber que hay individuos que están "entrenando" a niños de 8 y 10 años para que se
inmolen llevando alrededor de su cuerpo bombas o granadas o explosivos.
Como hombre y como médico creo en la vida, no en la muerte, y después de haber vivido 15 años en las Unidades de Terapia Intensiva, donde la lucha es minuto a minuto para salvar una vida, rechazo totalmente cualquier atentado a la vida humana.
Pero volviendo a las consecuencias del terrorismo, hoy, millones de seres que estamos alejados de las zonas en conflicto, millones que no tenemos ni partido ni posición respecto a esas políticas, somos también víctimas del terrorismo, y las acciones en el aeropuerto, y las miradas de desconfianza de los oficiales, las sospechas porque alguien tiene ojos negros o piel oscura, el rechazo a cualquier situación que parece anormal, son consecuencias del terrorismo, que
aún bloqueado, que aún detenido antes de cometer sus crímenes, afecta a quienes queremos seguir viviendo.
Y usted, estimado lector, ¿cómo se siente en su casa, en su trabajo, en su ciudad, después de las amenazas terroristas que hemos contemplado en la televisión?; creo que, si lo piensa un poco, una buena reflexión, una buena charla con los seres queridos, o con los amigos o compañeros, permitirá que el terrorismo no le afecte tanto, ¿no cree usted?